La ansiedad de la desconexión, y por qué deberíamos desconectar para conectar

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Traducción de un original de Tania Schevitz en BoingBoing

La psicóloga clínica Catherine Steiner-Adair, autor de The Big Disconnect, estudia por qué nos resulta tan difícil ignorar las intrusiones digitales. Tanya Schevitz, portavoz para el Día Nacional de la Desconexión de Reboot habla con Steiner-Adar sobre nuestra aversión a desconectar y el poder de la presencia real.

La semana pasada mi marido estuvo en una fiesta, y se sintió frustrado al ver que todos los que estaban a su alrededor tenían la nariz inmersa en el brillo de sus teléfonos inteligentes mientras hablaban entre sí. Tanto, que al final se acabó yendo. Estamos en una época de maravillas digitales, en la que nuestros dispositivos pueden acompañarnos a cualquier lado y en la que podemos comunicarnos en cualquier momento. Pero las conexiones que están en nuestras narices se convierten en una prioridad secundaria (o terciaria, incluso). De algún modo ahora parece ser correcto estar teniendo una conversación cara a cara, a la vez que intercambiamos mensajes de texto con otra persona y echamos un vistazo a Facebook a ver qué es lo que hace el resto. Emily Post se sentiría asqueada.

Leí recientemente La Gran Desconexión: protegiendo la infancia y las relaciones familiares en la era digital de la psicóloga clínica Catherine Steiner-Adair en colaboración con Teresa H. Barker, y me horripiló lo mucho que vi de mí misma, mi familia y mis amigos en los casos que estudió el autor. Steiner-Adair es instructora clínica en el Departamento de Psiquiatría de la Harvard Medical School, y una psicóloga asociada en el McLean Hospital. Me puse en contacto con ella porque quería entender mejor cómo controlar sobre nuestra tecnología, en vez de dejar que ésta nos controle. La conversación fue en un buen momento, ya que el Día Nacional de la Desconexión de Reboot comienza este viernes noche, y soy la portavoz. Pero esta era mi oportunidad para escuchar a otra persona exhortándonos a parar y considerar los beneficios y riesgos de la tecnología.

Schevitz: Tú y otros expertos habéis dicho que hoy los niños se sienten menos importantes para sus padres que los dispositivos electrónicos

Steiner Adair: Los niños hablan de las pantallas de sus padres con el mismo lenguaje y los mismos sentimientos de frustración y celos que cuando hablan de la rivalidad fraternal. “Te gusta más tu teléfono que yo”. Una parte del crecer es aprender que no eres el centro del universo cada minuto de cada día, pero los niños deben de saber que nos importan, y el mensaje que les damos cuando estamos tomando cualquier llamada de cualquier persona sobre cualquier cosa es que todo el mundo es más interesante que ellos, cualquier persona es más interesante que ellos.

Hablas acerca de microinstantes de disrupción. ¿A qué te refieres?

Un microinstante de disrupción es cuando, al sonar un “ping” o el tono del móvil en cualquier momento, abandonamos a la gente con la que estamos conversando o cenando, y nos vamos a nuestro mundo. Todos lo hacemos, y los niños también lo hacen. Nos hemos acostumbrado tanto a darnos la vuelta en esos instantes que han cambiado lo que significa el estar junto a alguien.

Las implicaciones son muy profundas. Cuando no esperamos estar completamente presentes para la otra persona, y no esperamos que la otra persona esté completamente presente para nosotros, no conectamos con el mismo tipo de vulnerabilidad, apertura y profundidad. Es como cuando hablas con alguien en una fiesta y ves que sus ojos están repasando a la gente, sabes que no están contigo y que no están tan interesados en ti, y la conversación se queda en un nivel muy superficial. Tu conexión con esa otra persona ha cambiado.

Las familias se enfrentan a equilibrar los beneficios que nos da la tecnología con los problemas que vienen con una conexión obstante. ¿Qué consejo les darías a esas familias para que desconectaran juntos (para conectar?

La pregunta que más escucho en las giras es “¿Cómo cambiamos la manera en la que usamos la tecnología para no tener tantos microinstantes de disrupción?” Basándome en la investigación, en lo que sabemos acerca del desarrollo infantil y en lo que los mismos niños me dicen que les importa más, puedes empezar creando algunas zonas libres de pantallas en tu casa y en tu vida familiar. Ofrezco consejos más específicos en mi página web, pero para empezar piensa: la hora de comer, la hora de dormir, y los momentos de charla personal.

La primera reacción de muchos padres al lidiar con un crío quisquilloso, incluso con bebés, es darles el teléfono o un ipad. ¿Qué les estamos haciendo a nuestros niños?

La distracción funciona perfectamente, por supuesto, pero hay un problema enorme con esa solución: estás estimulando al niño, más que calmarle. Les estás enseñando que la manera de salir de los momentos difíciles de la vida, cuando estás cansado o enfadado o aburrido, es que te lleguen timbres y ruidos y estimulación. Los niños pueden llegar a preferirlo, y eso les evitará aprender lo que realmente tienen que hacer: aprender a calmarse, a relacionarse cara a cara y a jugar en la vida real. Sólo porque algo sea sencillo no significa que sea seguro o apropiado para el desarrollo.

Somos tan dependientes, estamos tan pegados al teléfono, se han convertido de tal manera en una extensión de nosotros, que estamos negando el impacto que tiene el darle a un crío el teléfono con los juegos y las aplicaciones.

Para los niños por debajo de dos años, los límites son claros y simples: a esa edad, los niños no deben de estar delante de la pantalla, y punto. Los bebés y los críos deben de relacionarse con la gente y aprender a calmarse solos. La Academia de Pediatría Americana ha reunido todos los datos. Deberíamos estar escuchándoles.

Más allá del problema básico del tiempo que la gente está en línea y en sus dispositivos digitales, vemos que la mayoría de las personas ya no llaman por teléfono, sino que se envían mensajes de texto. ¿Cómo está afectando eso a las habilidades interpersonales?

Esta es la primera generación de adolescentes que está perdiendo la oportunidad de desarrollar y fortalecer la capacidad para una de las formas esenciales de conexión humana: la capacidad de escuchar el tono de voz, la de ser afectados por lo que escuchamos, el sentimiento que podemos notar en el tono de voz. Una chica de instituto me describió la paradoja: somos la generación más conectada de la historia, “pero la cagamos a la hora de intimar.” Los chavales se pueden enviar mensajes a cualquier hora del día, pero ¿saben cómo ser vulnerables? ¿Cómo expresar tristeza, o amor, u otras emociones profundas? La capacidad de ser vulnerable, de ser abierto, honesto, de enseñar que te importan las cosas, de tener conversaciones a la hora de la cena. Está teniendo un impacto enorme en las habilidades interpersonales de algunos. Hay una gama ahí.

Cuando la gente apaga sus dispositivos, a menudo sienten nervios por lo que se pueden estar perdiendo. Yo misma los siento. ¿Cómo aconsejas a la gente que supere esto?

Cuando alguien apaga su aparato y se siente nervioso, es un miedo de perderse algo. Hemos desarrollado una dependencia psicológica rara hacia nuestros teléfonos móviles. Como el niño que ha aprendido a dejar la mantita cuando va a la escuela y sabe que todo irá bien sin ella, también tenemos que calmarnos y saber que estaremos bien si no tenemos el teléfono encima, que nuestros niños estarán bien si no tenemos el teléfono encima. Que si ocurre algo, de todas maneras la gente nos encontrará. A menudo, cuando escuchas el ping de tu móvil, se despierta esa parte de nosotros que se siente necesitada, o que se preocupa por una emergencia. Debemos de buscar un equilibrio que no saque de ese estado de alerta crónica. Debemos de aprender cómo ignorar ese aspecto de nuestro teléfono que nos hace sentir nervios si salimos de casa sin él. O si salimos de la vacaciones y no estamos chequeando el email constantemente. Quieres calmar a tu yo nervioso. Recuérdate que es sólo un estado mental.

Si tu estado mental es que siempre necesitas estar conectado o que te estás perdiendo algo, lo que tienes que pensar es *me estoy dando la libertad de prestarle mi completa atención A lo que sea que esté haciendo, Y el resto puede esperar. Elijo prestarle toda mi atención a esta cena, A esta película, A este almuerzo, A este paseo con mi amigo. Puede esperar. Puede esperar.

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