¿Cómo se las apaña Amazon para tener de rehén a Hachette?

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Traducción de un original de Cory Doctorow en The Guardian

Desde hace tres semanas, los libros del grupo editorial Hachette, uno de las cinco grandes editoriales que dominan el mundo, son difíciles de comprar en Amazon.com. Amazon ha retirado el botón de “pedido anticipado” en los próximos títulos de Hachette, y los títulos actuales o no están en venta (Amazon te recomienda, con ganas de ayudar, que compres copias usadas de su red de distribuidores así como libros similares de otras editoriales) o se muestran como fuera de stock para las próximas semanas.

Esta acción fue motivada por el fracaso de las negociaciones relativas sobre el nuevo trato de venta de ebooks entre Amazon y Hachette. Amazon es, de lejos, el vendedor de libros electrónicos más exitoso del mundo, y Hachette, como la mayoría de editoriales, tiene la venta de ebooks como una parte muy importante de su negocio. Al alargarse la disputa, se hace patente que Hachette necesita más a Amazon que Amazon a Hachette.

En un mundo cuerdo, Hachette tendría una enorme cantidad de tácticas disponibles. Los mayores competidores de Amazon — en especial, Apple y Google — tienen mucho poder de mercado, y sus clientes ya llevan lectores de libros electrónicos (tabletas y móviles). Hachette podría jugar duro con una campaña de publicidad que dijera “Amazon no te venderá nuestros libros, así que vamos a hacer una rebaja del 50% para todo aquel que los compre en Apple, Google, Kobo o Nook.”

La tienda de MP3 de Amazon surgió gracias a una táctica como ésta. Las distribuidoras estaban molestas con la insistencia de Apple de que todas las pistas debían venderse por separado por 0,99$, y querían variar el precio al que se listaban los nuevos títulos y el catálogo antiguo. Al no dar Apple su brazo a torcer, Amazon saltó a la escaramuza con su tienda de MP3, cuyos productos eran fácilmente cargados en iTunes y en iPods, ya que las canciones carecían de DRM, la tecnología mediante la cual se restringía el uso de las canciones al ecosistema de Apple. De hecho, el eslogan utilizado por Amazon fue “No me restrinjas”.

Pero precisamente por ser Hachette un defensor tan acérrimo del DRM, no puede aprovecharse de esta táctica. Hachette, más que ninguna otra editorial, ha sido muy insistente con el DRM desde el principio, y ahí está el quid de la cuestión.

Bajo la ley americana (la DMCA de 1998) y sus contrapartidas globales (tales como la Directiva de la Unión Europea sobre derechos de autor), en casos de obras con copyright, sólo puede quitar el DRM la compañía que lo puso. Aunque puedes aprender a quitar el DRM de Amazon con una búsqueda de tres palabras, es ilegal el hacerlo, a no ser que seas Amazon. Por lo tanto, aunque sería un juego de niños el que Hachette sacara una aplicación que convierta toda tu librería de Kindle para qué sea accesible desde el iBooks de Apple o el Play Store de Google, esa acción sería ilegal.

Fue un magnífico gol en propia puerta. Ya que Hachette ha sido tan exitosa al vender sus libros desde Amazon, no puede permitirse decirle adiós al vendedor. Al permitir que Amazon pusiera un candado en sus productos, un candado cuya llave sólo poseen ellos, Hachette ha permitido que Amazon usurpe su relación con sus clientes. La ley del DRM significa que ni el escritor que escribió el libro, ni la editorial que invirtió en él pueden controlar su destino digital. La gran parte del control del copyright va hacia el vendedor, cuya única contribución al libro fue pasarlo por un programa que lo encerraba tras el DRM de turno.

Cuantos más libros Hachette vendiera con el DRM de Amazon, más tendrían que abandonar sus clientes para irse a una tienda de la competencia.

Hachette es la primera de las cinco grandes en renegociar su trato con Amazon desde que Apple y las grandes editoriales llegaran a un acuerdo antimonopolio con el departamento de Justicia americano, y cualquiera que fuera el trato que Hachette se ha negado a aceptar es casi seguro que las cuatro compañías restantes van a tener que tragárselo a la fuerza, ya que todas están usando DRM para todo su catálogo, o al menos para parte de él.

Sin embargo todavía hay tiempo. Tor books de MacMillan, la mayor distribuidora de ciencia ficción del mundo y editorial de mis novelas en Estados Unidos, hace dos años que abandonó el DRM en todo su catálogo. Desde entonces, la compañía ha informado de grandes aumentos en las ventas y subidas nulas en el pirateo de sus libros. Si Macmillan — o sus rivales — quieren evitar la trampa de Hachette, ahora es el momento. Sacad todos los catálogos sin DRM, ahora, y armaos con una aplicación que pueda convertir todos vuestros libros de Kindle para que puedan verse en cualquier plataforma, lista para ser lanzada en el mismo instante que Amazon intente este truco de nuevo.

La compañía matriz de Hachette, Lagardère, es una multinacional diversificada, así que se podría pensar que serían un poco más estrategas con respecto a todo este asunto. Pero Amazon tiene su propio programa, y claramente piensan con más amplitud de miras.

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