Ciertos libros recientes han alabado la conexión entre el caminar – por sí mismo – y el pensar. Pero, ¿está la gente perdiendo el aprecio por el deambular sin rumbo fijo

Andar es un lujo en Occidente. Muy pocas personas, especialmente en las ciudades, se ven obligadas a hacerlo. Los coches, las bicis, los buses, los tranvías y los trenes nos llaman a todos.

Por otro lado, caminar cualquier distancia es habitualmente una actividad de ocio planeada. O una ayuda a la salud. Algo para ayudar a perder peso, o mantener su forma física. Pero hay un beneficio más a obtener del elegir la caminata: un lugar para pensar.

Wordsworth era un caminante. Su trabajo está inextricablemente atado al deambular por el Distrito del Lago. El empaparse de la austera belleza. El perderse en sus propios pensamientos.

Charles Dickens era un caminante. Se hacía los treinta kilómetros con facilidad, a menudo por la noche. Casi puedes oler en su prosa la atmósfera de Londres. Virginia Woolf caminaba para inspirarse. Se fue andando de su casa en Rodmell en los South Downs. Vagó por los parques de Londres.

Henry David Thoreau, autor y naturalista, caminó y caminó y caminó. Pero ni siquiera él pudo igualar la hazaña de alguien como Constantin Brancusi, el escultor que hizo a pie la mayor parte del camino desde su aldea en Rumanía a París. O Patrick Leigh Fermor, cuyo camino desde Hoek van Holland hasta Estambul a los 18 años inspiró varios volúmenes sobre viajes. George Orwell, Thomas Quincey, Nassim Nicholas Taleb, Friedrich Nietzsche, Bruce Chatwin, WG Sebald o Vladimir Nabokov son sólo unos cuantos de los otros que han escrito sobre el [extra href=”#” title=”Nota del Traductor” target=”blank” info=”popover” info_place=”top,” info_trigger=”hover” info_content=”Me parece extrañísimo que Finlo Rohrer no incluyese a Tolkien y su trilogía sobre la caminata de la aldea al volcán.”]tema[/extra].

Igual que un solo paso no hará una ruta en la tierra, un solo pensamiento no marcará una ruta en la mente. Para marcar una ruta profunda, lo caminamos una y otra vez. Para hacer una ruta profunda mental, debemos de pensar y repensar el tipo de pensamientos que queremos que dominen nuestra vida. (Henry Thoreau)

En occidente, la gente sigue eligiendo caminar. Casi todos los viajes en el Reino Unido involucran un pequeño paseo, y casi un cuarto del total se hacen completamente a pie, según una encuesta. Pero el mismo estudio encontró que un 17% de los paseos eran “sólo por andar”. Y eso incluía el pasear al perro.

Es esa categoría, la de “caminar por caminar” la amada por tantos pensadores creativos.

“Hay algo en el ritmo de caminar que se acopla perfectamente al ritmo de pensar. Andar requiere cierta cantidad de atención, pero deja grandes espacios de tiempo abiertos a pensar. Creo que una vez que la sangre empieza a fluir por el cerebro, éste empieza a pensar de forma más creativa”, afirma Geoff Nicholson, autor de The Lost Art of Walking.

“Tus sentidos se agudizan. Como escritor, lo utilizo para solucionar problemas. Es bastante más probable que encuentre una solución dando un paseo que quedándome sentado en mi mesa y ‘pensando’.”

Años atrás, una incapacidad temporal de dormir, provocada por una impresión angustiosa, me hizo recorrerme las calles varias noches, durante toda la noche. Podría haber tardado mucho en superar este bache, si lo hubiera experimentado en la cama. Sin embargo, lo hice pronto con el tratamiento de levantarme nada más acostarme, salir, y llegar a casa agotado al amanecer. (Charles Dickens)

Nicholson vive en Los Ángeles, una ciudad famosa por su uso extensivo del coche. Hay otras ciudades en el mundo que pueden parecer inexplicables al paseante nocturno. Por ejemplo, Kuala Lumpur, capital de Malasia. Cualquiera que piense en dar un paseo incluso entre dos puntos cercanos debería prepararse para ser paciente. Las aceras se acaban misteriosamente. Las carreteras llenas de coches se cruzan sin ayuda de pasos de peatones. El acto de elegir pasear puede ser incluso extraño para los residentes.

“Hay muchos sitios donde, si caminas, sientes como si estuvieras haciendo de lo que avergonzarse. Caminar se convierte en un acto radical.”, afirma Merlin Coverley, autor de The Art of Wandering: The Writer as Walker.

Pero incluso en ciudades enfocadas al coche hay pequeñas recompensas para los que deambulan. “La mayor parte de mis caminatas son en los ciudad, en Los Ángeles donde las cosas están muy separadas entre sí.” dice Nicholson. “Hay mucho a lo que mirar. Es exploración urbana. Siempre estoy descubriendo callejones extraños y pequeños rincones.”

Nicholson, novelista, llama a esto paseo “observador”. Pero tiene otra clase de paseo totalmente en blanco. Otro tipo de paseo, esperando a ser llenado con inspiración aleatoria.

No todo el mundo está preparado para esperar. Hay muchas personas que consideran el andar de un lado a otro como un “tiempo muerto” que lamentan perder, en una repleta agenda donde el trabajo y el traslado diario les quita de placeres como la casa o la familia. Es algo que se ve como “un espacio vacío que necesita llenarse”, según Rebecca Solnit, autora de Wanderlust: a history of walking.

Cuando nos golpea el deseo de ir a deambular, nos levantamos y decimos “necesito comprar un lápiz” como si esta excusa nos permitiera perdernos con seguridad en el mayor placer de la ciudad en invierno — deambular por las calles de Londres. (Virginia Woolf)

Mucha gente camina y manda SMS a la vez. Se ha atribuido a esto un incremento en las lesiones de peatones en los Estados Unidos. Un estudio sugiere incluso que el enviar mensajes cambia la forma de caminar de la gente.

No se trata sólo de caminar y mandar mensajes a la vez. Es la era del “zombi del mapa del smartphone”; gente que sólo aparta la mirada de su GPS para evitar pisar algo o ser atropellado.

La gente debería salir y caminar sin distracciones, dice Nicholson. “Creo que hay algo especial en eso de caminar conscientemente. Estar ahí de verdad, en el momento, concentrándote en lo que estás haciendo.”

Físicos a los que les gustaba caminar

  • A Werner Heisenberg le gustaba caminar
  • Paul Dirac, el físico británico, sólo comprendió la transcendencia del principio de incertidumbre de Heisenberg al estar dando un largo paseo.
  • Otto Frisch y Lise Meitner descubrieron la clave principal de las armas atómicas mientras caminaban por la nieve. Técnicamente, Frisch iba sobre esquíes.

Y eso significa caminar sin música, sin podcasts, sin audio libros. Es posible que también signifique caminar solo.

CS Lewis pensó que incluso hablar podía fastidiar el paseo. “El único amigo con el que pasear es aquel que comparte tus gustos de tal manera que con una mirada, una parada o un toque, es capaz de hacerte saber que el placer es compartido.”

La manera en la que la gente de Occidente ha empezado a despreciar el caminar se detecta en el mismo lenguaje. “Cuando alguien dice que algo es ‘de a pie’ quiere decir que es plano, que está muy limitado”, afirma Solnit.

Si resumimos los libros sobre caminar nos quedamos con estos conceptos clave:

  • Camina más, sin rutas fijas
  • Deja de escribir mensajes o de chequear mapas
  • No les pongas banda sonora a tus paseos
  • Ve solo
  • Encuentra lugares fáciles de caminar
  • Camina sabiendo que estás caminando.

Entonces conseguirás los beneficios: “Estando solo por tu cuenta, libre y anónimo, es cuando descubres a la gente que te rodea”, dice Solnit.

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