La tiranía de la página en blanco (y cómo superarla)

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Traducción de un original de Andy Weir en Medium

Andy Weir fue contratado como programador para un laboratorio nacional cuando tenía quince años, y lleva desde entonces trabajando como ingeniero de software.

También es un friki del espacio desde siempre, y un aficionado devoto de cosas como física relativista, mecánica orbital y la historia del vuelo tripulado. El marciano, que está siendo llevada al cine por Ridley Scott, es su primera novela.

En tu mente, tu novela es una historia épica que redefinir un género. Los fans se disfrazarán de tus personajes. Se discutirá en Internet sobre cuál giro de guión fue el más chulo. George R. R. Martin llamará a tu puerta para pedirte consejo narrativo. Va a ser así de bueno. Pero cuando intentas ponerte a escribir la jodida novela, te bloqueas.

¿Cómo puede ser? Tienes definido el escenario hasta el más mínimo detalle. Podrías llenar una enciclopedia con información sobre la infancia del protagonista. Tienes planeados los seis próximos libros de la saga. ¿Por qué no puedes escribir ni una sola línea?

No estás solo. Todos los autores se enfrentan a esto. La transición de idea a realidad es compleja. Cada historia es única, así que no hay una respuesta mágica. Pero aquí tienes unos cuantos consejos que te podrán ayudar a vencer a la tiranía de la página en blanco.

[custom_headline type=”left” level=”h2″ looks_like=”h5″ accent=”false” style=”margin-bottom:1.317em;”]El propósito de la primera línea es capturar al lector[/custom_headline]

Tienes una frase para convencer al lector de que termine el primer párrafo. Tienes ese párrafo para hacerles leer la primera página. Si consigues que pasen la página, los tendrás para un capítulo entero.

Haz que esa primera frase sea interesante. No tiene porque ser un detalle importante del argumento. Simplemente tiene que lograr que quieran leer la siguiente. La forma más fácil de conseguirlo es provocar al lector con un pequeño misterio.

“Era un claro y frío día de abril, Y los relojes estaban dando trece campanadas” (1984, George Orwell). Una apertura como esa provoca preguntas. Los lectores son almas inquisitivas. Sí consigues que se pregunten algo, seguirán leyendo hasta encontrar la respuesta. Engánchales con su propia curiosidad.

[custom_headline type=”left” level=”h2″ looks_like=”h5″ accent=”false” style=”margin-bottom:1.317em;”]No empieces describiendo[/custom_headline]

Nada hace que un lector cierre un libro más rápido que un largo párrafo inicial describiendo una cadena montañosa. Me decepciones es como hacer deberes o pagar impuestos. El lector acepta que tendrá que aprender estas cosas en algún momento, pero habitualmente no les resulta grato por sí mismo. Es una inversión hecha con la asunción de que es crítica para seguir la historia; una inversión que los lectores sólo están dispuestos a hacer cuando ya los has enganchado a la historia misma.

El Hobbit se desarrolla en uno los escenarios más complejos y más bien definidos jamás creado. Tolkien inventó leyendas, lenguajes, canciones y miles de años de historia. En vez de meterle al lector todo eso con la garganta el libro comienza con: “En un agujero en el suelo vivía un hobbit.”

[custom_headline type=”left” level=”h2″ looks_like=”h5″ accent=”false” style=”margin-bottom:1.317em;”]Siéntete libre para empezar por la mitad[/custom_headline]

Si no sabes dónde empezar, no te molestes en decidirlo ahora.

La primera frase del libro es crítica, pero no hay ninguna regla que diga que tienes que empezar con ella. Las primeras palabras que escribas puede acabar siendo la mitad del capítulo tres. Eso está bien.

Una vez que avances en la historia, tendrás una idea de cómo ir hacia atrás. Una vez que los personajes se desarrollen y el guión crezca en una dirección que no esperabas, quizás veas la escena perfecta con la que empezar las cosas.

[custom_headline type=”left” level=”h2″ looks_like=”h5″ accent=”false” style=”margin-bottom:1.317em;”]Ve a trompicones[/custom_headline]

Es fácil atrancarse cuando te preocupas sobre los detalles de la primera escena. En vez de eso, intenta escribir como si le estuvieras contando la historia un amigo. No pasa nada si es una mierda, ya lo editarás luego. Puede que incluso encuentres un punto mejor para empezar la historia. El truco está en hacer que las cosas fluyan.

Prueba. Abre ahora tu procesador de textos y escribe una frase, sólo una, que describa cómo el personaje principal hace algo.

Incluso si es “John se bebió el café”, ya tienes un comienzo. Empieza ahí, no te esfuerces en ser bueno, y nárralo como si se lo estuvieses contando a un amigo. “John se bebió el café. No sabía que Ruth lo había envenenado porque quería verlo muerto para poder escaparse con su compañero de negocios. Ruth era su mujer. Mira, la razón por la que hizo eso fue porque pensaba que John le había puesto los cuernos, cuando la verdad es que estaba investigando un fraude a una compañía de seguros…”

Torpe, extraño y difícil de leer. Pero tras unas frases, tu primera frase se hace clara: “John se bebió su café envenenado”.

Tu lector ahora quiere saber más.

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