Si dios quisiera que aceptara a los gays, me daría compasión

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Traducción de un original de Jane Kendricks en The Onion

No me cuestiono a Dios. El Señor es mi Pastor y a nadie pondré por encima de Él. Por eso sé que si fuera parte del plan divino el que yo dejara de condenar agresivamente a otros basándome simplemente en su preferencia sexual Él, en Su infinita sabiduría, hubiera tenido a bien darme siquiera el poquito de empatía humana necesaria para ello.

Es simple lógica, la verdad. Dios me hizo como soy, y lo que soy es una fanática fría y homófoba. Así que desprecio a los gays porque Dios me ha hecho así. ¿Por qué es tan difícil de entender?

Empecemos por lo básico: odio y temo a los gays. Ellos sienten de forma diferente a la mía, y eso me causa confusión e ira. Todo el mundo sabe que Dios es todopoderoso. Podía haberme dado fácilmente la capacidad de investigar qué hay detrás de esos sentimientos en vez de decirles a unos completos desconocidos del parque que van a ir al infierno por ir de la mano. Pero claramente, Dios tiene otro camino para mí. ¿Y quién soy yo para cuestionar Su voluntad divina?

Compasión, tolerancia, comprensión, una mínima decencia, la habilidad de ponerme en el lugar del otro: Dios podía haberme dado cualquiera de esos dones y, aquí está la parte crucial, no lo hizo. ¿Por qué? Por que el Creador del Universo quiere que demonice a los homosexuales con el ánimo de quitarles los derechos humanos fundamentales.

Lo siento, pero no puedes pedirme que te explique todo lo que hace Dios. Sus caminos son misteriosos, ¿recuerdas?

Intenta comprenderlo. Si fuera capaz de pensar y actuar de otra forma, estoy segura de que lo haría, pero Dios parece estar emperrado en esto. No se baja del burro. Así que a no ser que nuestro todopoderoso Señor y Salvador cambie de idea acerca de mis habilidades para empatizar al nivel más básico — cosa que veo bastante improbable — vais a tener que aceptar el hecho de que voy a seguir odiando a los homosexuales. Y sé que Él me llenará de la fuerza necesaria para permanecer ignorante y dañina cuando tenga todo en mi contra.

No puedo decir que mi fe no haya sido probada. Creedme, hay momentos en los que he estado a punto de apartarme del amargo y aterrorizado camino que Dios ha elegido para mi. Cuando mi hermano menor me dijo que era gay, hizo temblar mi fe hasta los cimientos. Pero aquí estoy, 27 años después, aún negándome a cogerle el teléfono. Tal y como Dios lo quiere.

Es increíble cuántas quejas puedes llegar a hacerle al consejo escolar sobre el nuevo profesor de música al que nunca has conocido, cuando estás llena de la Luz de Cristo y vacía de cualquier simpatía o misericordia real hacia Sus otros hijos.

A fin de cuentas, simplemente estoy intentando llevar una buena vida cristiana. Eso significa ir a misa los domingos, seguir los Diez Mandamientos y luchar contra lo que creo que es una abominación sexual por medio de una serie de pequeños gestos y comentarios amargos en voz baja. Claro, a veces me gustaría que Dios tocara mi corazón y me diera la posibilidad de tratar a todo el mundo con, al menos, la decencia y el respeto que se merecen por ser seres humanos. Pero por desgracia para la nueva pareja que se acaba de mudar tres casas más abajo, no lo ha hecho aún.

Ahora, si me perdonáis, tengo trabajo de Dios que hacer.

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