Sobre Charlie Hebdo: una carta a mis amigos ingleses

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Traducción de un original de Olivier Tonneau en Mediapart

Queridos amigos,

Hace tres días, el semanario francés Charlie Hebdo —que había publicado caricaturas de Mahoma— sufrió un horripilante asalto a manos de hombres que gritaban haber “vengado al profeta”. A esto le siguió una ola de compasión que aparentemente murió pronto, y en Internet empezaron a aparecer todo tipo de críticas contra Charlie Hebdo, descrito como islamófobo, racista o incluso sexista. Otros incontables comentarios afirmaron que los musulmanes estaban siendo aislados y señalados con el dedo. El fondo había una vista de Francia fundada sobre el mito de la laicité, definida como la restricción estricta de la religión a la esfera privada, pero desenfrenadamente islamofóbica – con referencias a la ley que prohibía el velo integral. Un amigo incluso mencionaba una división de la izquierda francesa sobre una supuesta “cuestión musulmán”.

Como francés y militante de izquierdas radical en casa y aquí en el Reino Unido, me encontré confuso e incluso asombrado por estos comentarios y me gustaría, por lo tanto, daros una exposición clara sobre cuál es mi posición de izquierdas francesa en estos asuntos.

[pullquote type=”right”]… Charlie Hebdo se oponía a todas formas de religión organizada, en ese sentido anárquico a la vieja usanza: Ni Dieu, ni maître! Ridiculizaban al papa, a los judíos ortodoxos y a los musulmanes de la misma manera y con el mismo tono mordiente.[/pullquote]Primero, unas palabras sobre Charlie Hebdo, “analizada” a menudo en la prensa británica basándose solo, aparentemente, en unos cuantos dibujos selectos. Quizás sea importante saber que el objetivo principal de Charlie Hebdo era el Frente Nacional y la familia Le Pen. Tras ellos, ladrones de todas clases, incluyendo jefes y políticos (por casualidad, una de las víctimas del atentado era un economista que escribía una columna semanal sobre los desastres causados por las políticas de austeridad en Grecia). Para terminar, Charlie Hebdo se oponía a todas formas de religión organizada, en ese sentido anárquico a la vieja usanza: Ni Dieu, ni maître! Ridiculizaban al papa, a los judíos ortodoxos y a los musulmanes de la misma manera y con el mismo tono mordiente. Tomaron posiciones feroces contra los bombardeos de Gaza. Incluso si su sentido del humor era aparentemente inaceptable para las mentes inglesas, creedme: estaba bien dentro de la tradición de la sátira francesa, y después de todo estaba sólo destinado a una audiencia francesa. Sólo fuera de contexto, puede parecer que algunas caricaturas sean racistas o islamófobas. Charlie Hebdo denunciaba continuamente los problemas de las minorías, haciendo campaña sin descanso a favor del derecho de estancia permanente para los inmigrantes ilegales. Espero que esto os ayude a entender que si pertenecéis a la izquierda radical, habéis perdido amigos y aliados importantes.

Una vez dicho eso, el ataque se vuelve aún más trágico y absurdo: dos jóvenes franceses musulmanes de descendencia árabe no han asaltado los numerosos periódicos de extrema derecha que existían en Francia (Minute, Valeurs Actuelles), que sin cesar metían en el mismo saco a árabes, musulmanes y fundamentalistas, sino al periódico que hizo más por pelear contra el racismo. Y para mí, la pregunta que este evento en concreto sugiere es: ¿cómo es posible que estos jóvenes lleguen a este nivel de confusión y locura? ¿Qué alimenta esta furia fundamentalista? ¿Cómo podemos combatirla?

Creo que sería escandaloso responder que Charlie Hebdo fue de alguna manera la causa de su propia caída. Es cierto que algunos musulmanes se ofendieron por algunos de los dibujos de Charlie. Hubo Imanes que escribieron criticándolos. Pero estos mismos Imanes salieron en televisión tras la tragedia, expresando su horror y recordando a todo el mundo que las palabras se deben de combatir con otras palabras, urgiendo a los musulmanes que fueran a la manifestación del domingo en homenaje a Charlie Hebdo. Como militante en un partido que rutinariamente es vilipendiado desde la prensa, no disparo a los periodistas cuyas palabras o fotos causan mi ira. Una de las necesarias consecuencias de la libertad de expresión es que la gente se puede ofender por lo que escribas: ¿Y? Nadie muere por una ofensa.

Por supuesto, la libertad de expresión tiene su límites. Me sorprendió leer de uno de vosotros que el Reino Unido, al contrario que Francia, tiene leyes que prohíben la incitación al odio racial. ¿Fueron los dibujos de Charlie los que le convencieron que Francia no tiene esas leyes? Creedme, las tiene. Sólo que no juntamos la raza con la religión. Somos el país de Voltaire y Diderot: la religión es blanco de burlas. Los ateos pueden señalar sus ridiculeces, y los creyentes deben de aprender a aguantar un chiste o un juego de palabras. Ellos pueden, en respuesta, ahogarnos con sermones sobre la superficialidad de nuestros estilos de vida hedonistas y materialistas. Me gusta así. Por supuesto, el día en el que todos confundan “árabe” con “musulmán”, y “musulmán” con “fundamentalista”, cualquier crítica del último recaerá en el primero. Por eso debemos de mantener claras las distinciones.

Y para mantener distinciones claras, debemos empezar por enfrentarnos al hecho de que el fundamentalismo está creciendo peligrosamente y matando con ferocidad. Entre sus víctimas, la gran mayoría son musulmanes a los que seguramente no les gustaría ser confundidos con sus asesinos. Así que vuelvo a la pregunta: ¿cuál es la causa del aumento del fundamentalismo?

Un amigo me dijo que son los “países musulmanes que ponen bombas en occidente”. No puedo evitar sospechar profundamente de una frase que incluye dos amplias generalizaciones y que recuerda a la teoría de Samuel Huntington del “choque de civilizaciones”: el mundo occidental contra el mundo islámico. La única diferencia entre George W. Bush y una posición de izquierdas sería que, mientras que Bush se ponía de parte del mundo occidental, el activista de izquierdas se pondría de parte del mundo islámico. Pero invertir la visión de Huntington es una forma perversa de confirmarla. Intentemos enfocarlo de otra manera.

Es obvio que el avance del fundamentalismo está entrelazado con la compleja serie de tragedias que se han sucedido desde el colonialismo s los tiempos presentes, incluyendo el conflicto de Israel y Palestina. Sin embargo, creo que deberíamos reconocer algo. Al igual que la religión cristiana ha causado muchos problemas en Occidente durante siglos, problemas no siempre resueltos de forma pacífica, el Islam también ha causado problemas enormes en el mundo musulmán para mucha gente también. En cualquier lado del mundo, el espacio para los derechos individuales se ha abierto a base de quitarle unos cuantos kilómetros a la religión. Y eso es algo que el mundo musulmán comenzó a hacer en el siglo XIX, con dificultades parecidas a las experimentadas en el mundo cristiano; para aquellos que quieran explorar los paralelismos, les aconsejo leer el excelente libro Beyond Islam, de Sami Zubaida.

[pullquote type=”right”]Muy poca gente recuerda que, en los años 50 y 60, las mujeres que llevaban velo era una pequeña minoría (…). Esto no significa que no fueran musulmanas, ojo. Simplemente, como en Occidente, donde un montón de chicas cristianas empezaron a tener sexo antes del matrimonio o a tomar la píldora, los principios estaban evolucionando con algunas tensiones inevitables.[/pullquote]A día de hoy, muy poca gente sabe que hubo un período, empezando la mitad del siglo XIX Y terminando a mitad del siglo XX, llamado Nadha (Renacer, o Renacimiento), que vio un proceso amplio de secularización de Marruecos a Turquía. Muy poca gente recuerda que, en los años 50 y 60, las mujeres que llevaban velo era una pequeña minoría en Túnez, Algiers o incluso en el Cairo. Esto no significa que no fueran musulmanas, ojo. Simplemente, como en Occidente, donde un montón de chicas cristianas empezaron a tener sexo antes del matrimonio o a tomar la píldora, los principios estaban evolucionando con algunas tensiones inevitables.

Por mucho que ofenda a la visión de Edward Saïd de las culturas como destinadas a devorar o ser devoradas, el Nadha estaba alimentado por ideas desarrolladas por pensadores Europeos, y apoyadas entusiásticamente por los estudiantes y los intelectuales locales — y antes de ser acusado de paternalismo occidental, dejadme insistir en dos cosas. Primero, “ideas desarrolladas por pensadores europeos” no son “ideas occidentales”. Los movimientos anticolonialistas hablaban de Marx, Freud y Robespierre, fieros críticos de Occidente. Segundo, al tiempo que el movimiento anticolonialista estaba sacando inspiración de la historia de las revueltas en Europa, Claude Levy-Strauss estaba transformando la comprensión occidental de la civilización estudiando otras culturas, justo como Leibniz había estudiado de forma extensiva el idioma, la ley y la política de China en su búsqueda de la iluminación. Los pueblos no son ni homogéneos ni unidades aisladas: en los pueblos, la gente se organiza y se oponen unos a otros aglutinándose alrededor de principios e ideas.

Fue en las cenizas de Nadha que el fundamentalismo tal y como lo conocemos emergió. Digo “emergió”, porque no debemos de dejarnos engañar por los fundamentalistas que dicen restaurar el Islam a su pureza original. La ideología que promueven — literal, violenta, legalista, estrecha de miras, de otro mundo — es una novedad radical en la historia del Islam. Es la perversión dramática de una cultura. ¿Cómo ocurrió semejante perversión? Aquí es donde la historia se torna compleja, más compleja que eso de “Occidente contra mundo musulmán”.

Los movimientos anticolonialistas en el antiguo imperio colonial francés (En Túnez, Argelia, Marruecos o incluso en Egipto) eran seculares (lo que, por supuesto, no significa que sus miembros fueran ateos): pretendían crear estados-nación modernos e independientes de los explotadores occidentales. Así que en Algeria, el Frente de Liberación Nacional luchaba por la creación del Estado Democrático y Popular de Argelia (fijaos en el toque claramente comunista). Sin embargo, el caos que emergió durante y después de las guerras de independencia (en el cual Occidente tuvo una grave responsabilidad) proveyó una oportunidad excelente para que todo tipo de fanáticos, que resentían profundamente la evolución de sus países, volvieran a la prominencia. Así, en Argelia, un ala extremista que ya había subvertido los principios del FLN durante la guerra acabó llegando al poder tras décadas de inestabilidad política y económica, sólo para desencadenar una violencia atroz. Tengo amigos de origen argelino que aún están ofendidos profundamente por los fundamentalistas que les robaron su estado secular, persiguiéndolos de tal manera que tuvieron que emigrar a Francia. No soy un experto en el “Mundo Musulmán”, si es que una generalización como esa tiene algún sentido, pero creo que un proceso similar a ése ocurrió en muchos otros países.

[pullquote type=”right”]… ninguno de los participantes en la marcha hacían demandas religiosas; no andaban como musulmanes, sino como ciudadanos francés que pedían que Francia les diera de verdad Liberté, egalité y fraternité.[/pullquote]Así que hoy en día Francia es hogar para muchos árabes, algunos de ellos musulmanes, que fueron expulsados de sus países de origen por los fundamentalistas a partir de los 60. Se vieron expuestos al racismo, por supuesto, especialmente en los lugares de trabajo — es lo mismo que lleva ocurriendo desde la Edad media, trabajadores temiendo la amenaza del exterior — y acosados por la policía y tratados como ciudadanos de segunda clase. Lucharon por la igualdad y la justicia, con el apoyo de muchos de la izquierda, por ejemplo durante la Marche des beurs de 1983. Lo creáis o no, ninguno de los participantes en la marcha hacían demandas religiosas; no andaban como musulmanes, sino como ciudadanos francés que pedían que Francia les diera de verdad Liberté, egalité y fraternité.

El espíritu de la Marche des beurs es el de Charlie Hebdo: justicia para todos los ciudadanos, incluyendo emigrantes y minorías. Ahora dejadme avanzar en el tiempo. El año pasado, se produjo una película, conmemorando La Marche des Beurs. Los productores le pidieron a diversos rapero que grabaran una canción promocional. Uno de ellos incluyó el verso “Pido una Fatwa contra los perros de Charlie Hebdo”. También comparó a “nuestras virtuosas chicas del velo” con las “zorras maquilladas”. Sin embargo, había muchas mujeres en la Marche; ninguna de ellas hablaba de posiciones religiosas, y muy pocas llevaban velo. ¿Cómo podía un movimiento secular por la igualdad podía ser reescrito en tales términos religiosos? Esto nos hace preguntarnos sobre el auge del fundamentalismo en Francia.

Seamos claros: el fundamentalismo no está causado por la inmigración desde países musulmanes. Es fácil de demostrar: los musulmanes llevan llegando a Francia desde los 50, y lo del fundamentalismo empezó a surgir en los últimos quince años. Es más, entre los jóvenes que se apuntan para luchar por el Daesh, muchos son sólo jóvenes blancos sin representación y sin vínculos familiares al Islam. El fundamentalismo es algo nuevo, algo que ejerce una fascinación sobre la juventud sin futuro en general; no sobre los musulmanes. De hecho, la generación más vieja de musulmanes franceses está aterrorizada por el fenómeno. Tras la matanza en Charlie Hebdo, los Imanes pidieron que el gobierno tomara cartas contra las páginas web que propagaban el fanatismo.

[pullquote type=”left”]Mohamed Kacimi (…) hijo de un Imán argelino, muy unido a su cultura musulmana pero también muy unido al secularismo, atacó a los oponentes de la ley, blancos y de clase media, que hablaban de la libertad de las mujeres musulmanas de vestir como les viniera en gana. No eran ellos, dijo, cuyas hijas en los suburbios eran llamadas prostitutas, acosadas y a veces violadas sólo por que no querían llevar el velo. [/pullquote]

Que la emergencia del fundamentalismo está causando serios problemas a los árabes también apunta un foco a la ley que prohíbe el hijab, una ley mencionada rutinariamente como prueba del prejuicio antimusulmán francés. No tengo una opinión definitiva sobre esta ley. Sin embargo, me quedé anonadado cuando leí un artículo muy colérico escrito por alguien al que admiro, Mohamed Kacimi. Hijo de un Imán argelino, muy unido a su cultura musulmana pero también muy unido al secularismo, Kacimi atacó a los oponentes de la ley, blancos y de clase media, que hablaban de la libertad de las mujeres musulmanas de vestir como les viniera en gana. No eran ellos, dijo, cuyas hijas en los suburbios eran llamadas prostitutas, acosadas y a veces violadas sólo por que no querían llevar el velo. Recordemos que muchas mujeres musulmanas no consideran que llevar el velo sea obligatorio: otra vez, tenemos a los propios musulmanes perseguidos por fundamentalistas.

Francia tiene una larga tradición de Islam secular, completamente compatible con las leyes de la República, pero en guerra con los fundamentalistas. En los 90, el Imán de París fue disparado por los fanáticos cuya violencia él denunció; más recientemente, el Imán de Drency, que expresó su disgusto con las caricaturas de Charlie Hebdo, pero mostrándose en contra de la fatwa emitida en contra de ellos por Al Qaeda, se encontró condenado a muerte por la organización terrorista y ahora está viviendo bajo protección policial.

Así que la pregunta es: ¿Cómo es posible que una fracción de la juventud francesa (blanca, negra, o de origen árabe) se haya vuelto tan susceptible al fundamentalismo? La pregunta esta cuestión no puede ser trazada directamente a “los países musulmanes que ponen bombas en occidente”. Creo que primariamente tiene que ver con el completo fracaso de la República a la hora de cumplir sus promesas de liberté, egalité, fraternité. Esta es una razón importante.

A menudo leo en la prensa inglesa, o escucho de mis amigos británicos, que la laicité francesa es un “mito fundacional”, como si Francia vivir abajo la ilusión de que la religión puede ser erradicada de una vez y para siempre. Esto no tiene nada que ver con la laicité definida con propiedad. La laicidad no le niega a nadie el derecho a expresar sus creencias religiosas, Sino que pretende fundar la sociedad sobre un contrato político que trasciende las creencias religiosas que, como resultado, se convierten en asuntos privados. Los moros que marcharon en 1983 en París estaban haciendo una manifestación laica. No eran los únicos que demandaban que la República fuera fiel a sus propios principios. En un precioso libro llamado La Démocratie de l’Abstention, dos sociólogos investigan la historia desgarradora (al menos me desgarran mi corazón republicano) de cómo los ciudadanos franceses que llegaron de las antiguas colonias votaron masivamente: estaban orgullosos de su derecho a participar en la democracia. Intentaron convencer a sus hijos de hacer lo mismo pero estos no están interesados. Décadas de segregación social y discriminación económica les ha dejado claro que la palabra francés en su pasaporte no tiene sentido: no hay igualdad, no hay libertad y claramente no hay fraternidad.

El proceso de desencanto fue gradual. Empezaron a aparecer disturbios en los suburbios al finalizar los ochenta, y se aceleraron en los noventa. No tenían ningún subtexto religioso: eran expresiones de ira contra la discriminación y el acoso policial. Sin embargo, la necesidad de pertenecer a algo es una necesidad humana fundamental: si la juventud francesa de origen árabe no podía sentir como que pertenecían a Francia, ¿a quién pertenecían? La Démocratie de l’abstention describe como el conflicto entre Israel y Palestina – que ya duraba décadas – atrapó la imaginación de la juventud: era su Vietnam, su causa. Habían encontrado a sus hermanos al otro lado del mar. Cuando, en las elecciones europeas del 2009, un puñado de locos conspiranoicos lanzó un partido antisemita que no tenía nada que ver con Europa o con los problemas a los que se enfrentaba esta juventud, consiguieron muchos votos en los suburbios. Y como el conflicto entre Israel y Palestina degeneró de un conflicto político a un conflicto religioso, la juventud francesa empezó a ver el mundo bajo tintes religiosos.

La juventud es la era del autosacrificio y de los sueños revolucionarios. En los 60, los jóvenes franceses de clase media que se sintieron alienados de su entorno conservador idolizaron la revolución cultural de Mao —poco menos nihilista que el fundamentalismo islámico—, soñaron con lanzar bombas y a veces lo hicieron. Pero este caso es diferente. Los Maoístas de clase media pertenecían a una clase privilegiada. Tenían una educación. Tenían los medios sociales, económicos e intelectuales para salir de su locura nihilista y volver al mundo. La juventud desencantada y condenada al ostracismo es un objetivo fácil para toda clase de adoctrinadores. Su visión del mundo se convirtió aún más esquemática, y refrendaron una vista de Occidente contra el mundo musulmán que aparentemente les hizo incapaces de reconocer que un periódico como Charlie Hebdo, que se posesionaba del lado de Palestina, del lado de las minorías éticas, a favor de la igualdad de derechos y la justicia estaba de su lado y era un aliado que valía la pena: el hecho de que Charlie Hebdo se había reído de su fe fue suficiente para condenarlos a muerte.

[pullquote type=”right”]Charlie Hebdo (…) no se burlaba de la religión que los musulmanes han heredado silenciosamente de sus padres y abuelos, sino del fundamentalismo agresivo que demanda que todos se definan —éticamente, políticamente, geográficamente— en términos religiosos.[/pullquote]Y sin embargo, esta narrativa (que, ten por seguro, se acerca a su fin) te ayuda a entender lo que Charlie Hebdo intentaba hacer. Precisamente estaba intentando defender los ideales republicanos donde no es la religión la que determina tus compromisos sino la justicia. No se burlaba de la religión que los musulmanes han heredado silenciosamente de sus padres y abuelos, sino del fundamentalismo agresivo que demanda que todos se definan —éticamente, políticamente, geográficamente— en términos religiosos. Se insiste en que una religión que reclama gobernar una sociedad es peligrosa, y sí, ridícula, sea la religión que sea – el Islam no puede ser una vaca sagrada.

Para terminar, condeno firmemente el bombardeo de países del Oriente Medio (o cualquier país, ya que estamos) por gobiernos occidentales. Voto por partidos políticos que lo condenan, y me manifiesto contra ello. Me chocó cuando el gobierno francés prohibió esas manifestaciones, pero me alegré cuando el mismo gobierno reconoció al estado palestino. En esas manifestaciones, camino con gente de todos los colores, orígenes y credos; la nuestra es una posición política, no religiosa. Y me desespera pensar que una fracción de la población de mi país rehúsa considerarme como aliado simplemente porque no soy amigo de religiones. Ser consciente de la raíz de la locura que tomó a estos jóvenes, detesto a los políticos que no han hecho nada para resolver la delincuencia de los suburbios, para luchar contra la discriminación y controlar las persecuciones policiales. Estos problemas forman, en mi opinión, una parte tan grande en el surgir del fundamentalismo en la juventud francesa como los eventos en el Oriente Medio; por eso es que, si hubiera estado hoy en Francia, no sé si hubiera querido marchar junto a Ángela Merkel o David Cameron, y mucho menos con Netanyahu o nazis declarados tales como Viktor Orban.

Éste es el difícil debate que estoy teniendo con mis amigos franceses: todos somos conscientes del hecho de que el ataque contra Charlie Hebdo será explotado por la extrema derecha, y que nuestro gobierno aprovechará la oportunidad para crear una falsa unanimidad en una sociedad profundamente dividida. Ya hemos escuchado al primer ministro Manuel Valls anunciar que Francia está “en guerra con el Terror”, y me horroriza reconocer las palabras utilizadas por George W. Bush. Estamos intentando hallar el buen camino – defendiendo la República contra las amenazas gemelas del fundamentalismo y el fascismo (y el fundamentalismo es una forma de fascismo). Pero sigo creyendo que la mejor manera de hacer esto es luchar por nuestros ideales republicanos. La igualdad carece de sentido en tiempos de austeridad. La libertad no es más que hipocresía cuando partes de la población francesa que son discriminadas rutinariamente. Y la fraternidad se pierde cuando la religión derroca a la política como el principio estructural de una sociedad. Charlie Hebdo promovía la igualdad, la libertad y la fraternidad; eran parte de la solución, no del problema.

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