Tanto el dinero como dios pueden dar vida a los mundos fantásticos

0
663
Traducción de un original de Max Gladstone en TOR

Acercaos. Voy a violar las reglas cardinales de una sociedad educada, pero qué demonios, estamos en Internet. Hablemos de dioses y dinero.

Imagínate a un personaje inmortal de vasto poder, con una curia devota y marcada por un código común de vestimenta y comportamiento, distribuida a lo largo del mundo en una enorme red de templos y monasterios. Esta entidad reúne fuerza y poder gracias al fervor de sus fieles, y crece aún más al convertir a nuevos creyentes a su causa.

Eso es un dios, sí, especialmente un dios pagano de la vieja escuela, la clase de dios que aparece en las campañas de Dragones y Mazmorras o en los libros de Terry Pratchett; pero también podría ser un modelo bastante decente de una corporación. No soy el primero en hacer esta comparativa: el libro En deuda de David Graeber señala que las comparativas entre corporaciones y ángeles comenzaron el mismo instante en el que el concepto de persona legal apareció en la ley occidental.

El marketing basado en imagen de marca y estilo de vida la hace aún más apta. Adidas no vende la calidad de sus zapatos sino la noción de que “No hay nada imposible” (al menos mientras pongas tu dinero en el plato de la colecta). La ropa de American Apparel está bien, pero la compañía no se define por su producto sino por las vírgenes vestales (?) con miradas perdidas que aparecen en sus anuncios. Sea lo que sea lo que le compres a Apple, estás comprando también la identidad de un tipo joven, creativo y con dinero. (Pongamos un chiste sobre los precios de Apple o sobre Heartbleed aquí).

Los días de la semana moderna tienen el nombre de dioses y entidades astrológicas, uno de los pocos asideros de la mitología antigua en el habla diaria: [extra href=”#” title=”Nota del Traductor” target=”blank” info=”popover” info_place=”top” info_trigger=”hover” info_content=”En inglés hablan, respectivamente, de Moon, Tyr, Wotan u Odín, Thor y Freya, siendo los cuatro últimos dioses del panteón nórdico.”]el lunes por la Luna, el martes por Marte, el miércoles por Mercurio, el jueves por Júpiter o el viernes por Venus.[/extra] Cada día tiene un eco corporativo: el Lunes Negro, el día en el que la bolsa mundial se derrumbó en 1987, el Martes Negro, el clímax del crash bursátil de 1929, el Miércoles Negro, el día que el gobierno británico tuvo que retirar la libra del Mecanismo de Tipos de Cambio tras su desplome. Hay tantos referentes posibles para el Jueves Negro que el término tiene su propia página de desambiguación, con el primer uso que se recuerda en 1851. Y por supuesto, el Viernes Negro es el día sagrado de Nuestra Señora de los Grandes Descuentos, lo cual cuadra bastante con el rol de Freya como diosa de amor y fertilidad.

Estos días negros son una especie de Semana Santa, con cuatro desplomes y una resurrección. Pero tampoco debería sorprendernos: la fe es primordial para que una bolsa opere correctamente. ¿Qué es un crash bursátil sino una teomaquia? Los dioses se ahogan cuando la fe desaparece; el miedo los atenaza y luchan por subir a la superficie a respirar. Crecí en los Estados Unidos, y la visión que tuve de pequeño de la Gran Depresión estaba firmemente entrelazada con El Cuenco de Polvo, una catástrofe ecológica y una catástrofe financiera casadas en una obra del Rey Pescador, como si Balan huyera de la Bolsa de Nueva York en octubre del 29, con la espada roja con la sangre del Rey que es la Tierra. ¿Licencia dramática? Quizás. Pero allá por el 2008, cuando la economía mundial se cayó en una trituradora de basuras llevándose al resto del mundo con ella, los términos más dramáticos parecieron apropiados de repente. Tanto los presentadores de noticias como los profesores de derecho se las veían crudas para comprender o expresar la magnitud del cambio.

Vuestro fiel servidor vivió todo esto con un diferencial de trabajo que fluctuaba rápidamente: hablando en plata, era un momento de “haz lo que sea por pasta y coge cualquier curro que ya hablarás de ellos en tu biografía”, y cuando buscaba una forma de expresar lo que veía, nada se acercaba tanto a la realidad como el lenguaje de la fantasía épica: dioses que guerreaban y morían. Y si una compañía en bancarrota es una especie de dios muerto, ¿qué es el proceso de bancarrota sino nigromancia a manos de un hechicero fiscal? La ley, la más épica y fantástica de las profesiones modernas, el dominio del habla y los contratos no verbales, de poder sacado del debate y con términos en lenguas largo tiempo muertas, la profesión en la que en la misma universidad asistes a una clase llamada [extra href=”#” title=”Nota del Traductor” target=”blank” info=”popover” info_place=”top” info_trigger=”hover” info_content=”No conozco cuál sería el equivalente de la clase de Corps en España, y dudo que se pudiera hacer el juego de palabras con cadáver.”]“Corpse” (vale, Corps, aun así)[/extra]. Por lo tanto, fiscales nigromantes jugando con los restos de dioses muertos para rehacerlos como muertos vivientes. Parece lógico.

Admito que ésta es una visión extraña del mundo pero vivimos en un mundo extraño, un mundo de evangelistas de productos y papas con cuenta de twitter, y al movernos emitimos información y clics e informes bancarios como si fuera Polvo de Phillip Pullman. Es mejor si estamos al corriente de la extrañeza y la capturamos en un lenguaje que le haga justicia.

No hay comentarios

Deja un comentario