Dolor

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Traducción de un original de Jim Butcher en White Night

Por ser aniversario de la página, he narrado esta traducción. No os olvidéis de darle a reproducir (vía soundcloud).

Lo que entonces no conocíamos era el dolor.

Sí, claro, nos habíamos enfrentado a cosas a las que muchos niños no. Sí, claro, Justin se merecía su medalla Marqués de Sade Junior por cómo te enseñaba a aguantar el dolor. Aun así, aún no habíamos aprendido que crecer es hacerte daño. Y superarlo. Te haces daño. Te recuperas. Sigues adelante. Es bastante probable que te vuelvas a hacer daño, pero cada vez que pasa, aprendes algo.

Cada vez que sientes dolor, te haces algo más fuerte. Y llega un momento en el que te das cuenta de que hay más sabores de dolor que de café. Está ese pequeño vacío doloroso de dejar algo atrás: graduarte, salir de lo conocido y adentrarte en lo nuevo. Está el enorme dolor vertiginoso que sientes cuando la vida da un vuelco y tus planes y esperanzas se van al garete. Están esos pequeños dolorcillos del fracaso, y los algo más ocultos dolores de los éxitos que no te dieron lo que creías que te iban a dar. Están los dolores de las esperanzas desgarradas, afilados como cuchillas. Los minúsculos dolores dulces de encontrar a otros, darles tu amor y ver como crecen y aprenden. Está ese dolor persistente de la empatía, al cual ignoras para poder estar al lado de un amigo herido mientras le ayudas a cargar con sus problemas.

Y si has tenido mucha, mucha suerte, hay algunos dolorcillos llameantes que sientes cuando te das cuenta de que estás en un momento absolutamente perfecto, un instante de triunfo, de felicidad o alegría que no puede durar – y que sin embargo se quedará contigo para toda la vida.

A nadie le gusta el dolor, porque olvidan algo muy importante del mismo: el dolor es para los seres vivos. Los únicos que no sienten dolor son los muertos.

El dolor es una parte de la vida.

Algunas veces es una parte grande y otras veces no, pero de cualquier manera es parte del gran puzzle, de la música profunda, del gran juego. El dolor hace dos cosas: te enseña, te dice que estás vivo. Y pasa, y te deja cambiado. A veces te deja más sabio. Otras, más fuerte. De una forma u otra, el dolor deja su marca, y todo lo importante que te llegue a pasar en la vida va a tener dolor en un grado u otro.

Añadir dolor a esa imagen mental de Elaine no consistía en imaginar horrores, fantasear con violencia o especular sobre el sufrimiento. Se parecía mucho a cómo un artista añade nuevos colores al lienzo, añadiendo énfasis y profundidad a la imagen que, aun hermosa, no era fiel a sí misma o a la vida. Así que cogí a la chica que conocía y le añadí los dolores que la mujer a la que pretendía alcanzar había tenido que sufrir. Se había enfrentado a un mundo que abandonó durante más de una década, encontrándose con dificultades para seguir adelante sin apoyarse en nadie. Siempre me tuvo a mí, y a Justin, y una vez que desaparecimos se apoyó en una mujer Sidhe llamada Aurora, buscando ayuda y soporte. Cuando ella también desapareció, ya no le quedaba nadie. Yo le había dado mi amor a otra persona, y Justin llevaba años muerto.

Había estado sola en una ciudad, diferente a todos los demás, peleando por sobrevivir y construir una vida y un hogar.

Así que añadí todos esos pequeños dolorcillos a los que yo mismo me había enfrentado. Las catástrofes culinarias que me tuve que comer de todas maneras. Las averías múltiples en mi equipo y mis pertenencias, averías que necesitaban arreglo y atención. La locura de los impuestos, y correr de un lado para otro intentando abrirte paso a través de una jungla de números. Facturas atrasadas. Esos trabajos desagradables que te dejaban los pies hechos polvo. Las miradas raras de la gente que no te conocía, cuando pasaba algo que se salía un poquito de lo normal. Esa noche ocasional en la que la soledad dolía tanto que te hacía llorar. Esa fiesta ocasional de la que querías escapar a tu apartamento vacío con tantas ganas que estabas dispuesto a salir por la ventana del baño. Los tirones y dolores musculares que nunca tuviste cuando eras joven, la ira que sentías al ver como el precio de la gasolina subía a números ridículos, la irritación a causa de vecinos idiotas, famosillos sin cerebro y todos esos políticos que parecían caer en un espectro entre “estafador” e “idiota”.

Ya sabes.

La vida.

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