Cuando escuchar voces es bueno

Un nuevo estudio sugiere que los esquizofrénicos de sociedades más colectivas piensan que sus alucinaciones auditivas son de ayuda.

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Traducción de un original de Olga Khazan en The Atlantic

esquizofrenia

Cuando era un crío, Joe Holt creía escuchar cómo la gente le insultaba de forma salvaje. Cuando se enfrentaba a ellos, estos negaban haberle dicho nada, enfadándole aún más. Los ataques de ira de Holy le costaron decenas de trabajos y relaciones. Años después, un diagnóstico explicó los años de dolor y paranoia: Holt tenía esquizofrenia.

La historia de Holt, de la que se habló en un artículo del New York Times del 2011 es una muestra típica de cómo los americanos experimentan la esquizofrenia. Las alucinaciones auditivas son sólo una de los síntomas de la enfermedad. Las voces que imaginan escuchar atormentan a los esquizofrénicos a lo largo del día, insultándolos o empujándolos hacia la violencia.

Sin embargo, un nuevo estudio sugiere que la forma en que los enfermos de esquizofrenia experimentan dichas voces varía dependiendo del contexto cultural. De forma sorprendente, los esquizofrénicos de otros países no escuchan las mismas voces agresivas y oscuras que Holt y otros americanos afirman escuchar. Algunos de ellos, de hecho, piensan que sus alucinaciones son buenas, y algunas veces incluso mágicas.

“Tengo un compañero con el que hablar… no necesito salir para hablar con alguien, ¡puedo hablar conmigo mismo!”

Los médicos “tratan las voces oídas por los enfermos con psicosis como si fueran unos simples efectos secundarios sin interés que deberían ser ignorados”, afirma Tanya Luhrmann, una antropóloga de Stanford. “Según nuestros estudios, gente con desórdenes psicóticos importantes en otras culturas escuchan las voces de otra forma. Esto sugiere que la forma en la que los pacientes escuchan sus voces altera lo que éstas dicen.”

Este estudio, publicado recientemente en el Periódico Británico de Psiquiatría, Luhrmann y sus colegas entrevistaron a sesenta adultos diagnosticados con esquizofrenia; veinte en San Mateo, California, otros veinte en Accra, Ghana y otros veinte en Chennai, India. A los pacientes se les preguntó cuántas voces escucharon, cuántas veces y cómo eran.

Había cierto número de similitudes: todos reportaron escuchar voces buenas y malas, así como murmullos y siseos inexplicables.

Pero, como señala Stanford News, había una diferencia muy marcada: “Mientras que muchos de los pacientes hindúes y africanos registraban experiencias positivas en su mayoría, ni un solo americano lo hizo. En vez de eso, los sujetos americanos del experimento solían reportar experiencias violentas y llenas de odio, y pruebas de una condición enfermiza.”

Los americanos solían describir sus voces como violentas, “como torturar a personas, sacarles el ojo con un tenedor o arrancarle la cabeza a alguien y beber su sangre, cosas muy desagradables”, según el estudio.

Mientras, los hindúes y los africanos eran más proclives a decir que sus alucinaciones les recordaban a amigos y familia, y que las voces eran juguetonas y entretenidas. “Mayormente, las voces son buenas”, según un participante ghanés.

Uno de los sujetos de Chennai dijo, “Tengo un compañero con el que hablar… no necesito salir para hablar con alguien, ¡puedo hablar conmigo mismo!”.

Luhrmann y sus colegas achacaron las diferencias de percepción de las voces a los distintos valores sociales. Los americanos desean individualidad e independencia, y las voces eran vistas como una intrusión en una mente hecha a sí misma. Las culturas orientales y africanas, al contrario, suelen enfatizar las relaciones y el colectivismo. En estas culturas, una alucinación no es más que otro punto más en las redes sociales del esquizofrénico. A veces, los participantes le mostraban tal simpatía a sus alucinaciones que ni siquiera se consideraban como enfermos mentales.

Muchos de las participantes de Chennai y Accra dicen experimentar sus voces como si fueran personas: la de un humano conocido por el sujeto, como un hermano o un vecino, o un espíritu humanoide también conocido. Estos sujetos parecen tener relaciones humanas reales con las voces, a veces incluso cuando no les gustaban.

Luhrmann afirma que sus descubrimientos podrían ayudar al desarrollo de nuevas terapias para los esquizofrénicos de todo el mundo. No existe una cura para la esquizofrenia, pero algunas terapias urgen a los pacientes a formar relaciones con sus voces y a negociar con ellas.

En un artículo para el American Scholar, Luhrmann describe a un paciente holandés de 20 años, Hans, cuyas voces internas le urgían a estudiar budismo durante muchas horas diarias. Hizo un trato con sus demonios, diciéndoles que diría oraciones budistas una hora al día, ni más ni menos. Y funcionó. Las voces se callaron y fue capaz de disminuir la dosis de medicación.

En un grupo de apoyo para esquizofrénicos, Hans dijo que escuchaba una voz nueva y agradable, que había amenazado con ponerse violenta.

“Parecía que esta nueva voz podía ponerse desagradable”, escribe Luhrmann. El grupo le dijo a Hans que necesitaba hablar con ella. Que tenía que decirle “Tenemos que vivir el uno con el otro, y hacerlo lo mejor que podamos. Y eso sólo es posible si nos respetamos mutuamente.” Lo hizo, y la voz se volvió agradable de nuevo.

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