Algunos intentarán quitarle importancia, despreciarlos o contarte que es sólo un gran malentendido. Dirán que es una tormenta en una tacita o quizás una gran conspiración. No te lo creas. El descubrimiento de los papeles de Panamá es algo muy, muy importante.

Empezó hace más de un año, cuando alguien contactó con el periódico alemán Süddeutsche Zeitung, ofreciendo un enorme montón de datos de Mossack Fonseca, una compañía panameña especializada en ayudar a los ricos, poderosos y magnates de lo turbio a esconder su dinero. La magnitud de la filtración —2 terabytes y medio, con más de once millones de registros— hace que las revelaciones de Edward Snowden y Wikileaks parezcan poca cosa en comparación.

Esto es un terremoto. Se van a notar los temblores durante meses, quizá durante años. Podría ser incluso el principio del fin de los secretos.

El Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación (ICIJ, por sus siglas en inglés) ya ha reunido suficientes detalles para revelar el uso de dicha firma por una docena de líderes mundiales, actuales o no, con los documentos mostrando nombres de presidentes, reyes, primeros ministros y sus descendientes. Algunas de las figuras más poderosas del mundo y sus parientes están siendo acusadas de ocultar su riqueza. Y sólo hemos empezado.

Estamos descubriendo, potencialmente, a cientos de miles de firmas legales en paraísos fiscales conectadas a gente de más de doscientos países y territorios. Es decir, el mundo entero. Y aunque cientos de periodistas en docenas de países dentro del ICIJ han estado meses examinando dichos documentos, Internet hará posible que busquemos información que nos pueda afectar de manera específica. El mapa que relaciona a figuras prominentes con paraísos fiscales y diversas tapaderas es alucinante en detalle y tamaño, y las repercusiones serán profundas y duraderas.

Sabíamos que se avecinaba algo importante cuando, unos días atrás, un portavoz del presidente ruso Vladimir Putin empezó a intentar desacreditar una misteriosa noticia que ni siquiera había llegado a los titulares. Un portavoz del Kremlin avisó de un próximo ataque de los medios a Putin. Y si lo que aseveran los Papeles de Panamá es verdad, es fácil ver la razón de la preocupación del presidente ruso: los papeles revelan billones de dólares movidos a través de tapaderas y firmas legales, conectados al final a personas cercanas a él.

El Kremlin descartó las acusaciones antes de que los papeles fueran publicados, diciendo que el informe no tiene nada que ver con Putin y sugiriendo que no era más que otra instancia de lo que ellos llaman Putinofobia. Los hombres de Putin intentarán hacer ver que esto es sólo un ataque personal hacia su jefe, pero con cientos de figuras públicas en los papeles, la conspiración probaría ser falsa.

Los documentos prueban mala conducta tanto en democracias, autocracias y dictaduras, y sin duda los ricos y poderosos están teniendo sudores fríos. Por supuesto, que un nombre aparezca en los Papeles de Panamá no es prueba ninguna de un delito. Una renuncia del ICIJ, los coordinadores de la investigación, afirma que “Hay usos legítimos para los paraísos fiscales, las fundaciones y las compañías fiduciarias”, añadiendo que los personajes nombrados en los papeles puede que “no hayan quebrantado la ley o actuado de manera impropia”. De hecho, a lo largo de la historia, diversas personas han intentado ocultar sus bienes de entornos políticos inestables, buscado protección de algunos regímenes dictatoriales que podían confiscar sus bienes, o simplemente querían anonimato.

Sin embargo esta avalancha de información tendrá, en muchos casos, consecuencias. Y no será ningún shock, ya que la publicación de estos documentos no hará más que confirmar muchas sospechas.

Pero si lo que aseveran estos documentos es preciso y consistente, ayudarán a cambiar muchos comportamientos. Por ejemplo, cuando Wikileaks habló de cierta extravagante fiesta organizada por el yerno del presidente, donde hasta se consumió helado importado expresamente de Francia, avivó la furia que derrocó al dictador.

Como ya he escrito en otras ocasiones, la corrupción es un veneno letal que daña la economía, perpetúa la pobreza y, conforme se acumula, roba vidas y no pocas. En algunos casos los políticos no sólo están robando riqueza que pertenece a sus pueblos, a sus gentes, sino que están creando políticas y leyes basándose en como beneficiarse a sí mismos, robándoles a sus naciones el derecho a un buen gobierno y a decisiones inteligentes por parte de sus líderes. ¿Los resultados? Mal gobierno, sobornos por doquier, evasión de impuestos y el robo del futuro del pueblo, todo para financiar un presente más espléndido para unos pocos corruptos.

Y luego están los amigos de los poderosos, los que se hacen ricos de forma misteriosa. Su riqueza no es sólo prueba de la generosidad de un gobernante magnánimo. No, los autócratas enriquecen a su entorno para proteger su propio poder, para comprar consentimiento, para silenciar quejas. Algunas veces los críticos van a la cárcel, otras se enriquecen. Sea como sea, el propósito es silenciarlos.

Definitivamente, la corrupción socava el buen gobierno y fortifica las dictaduras. ¿Os sorprende que los Papeles de Panamá revelen supuestas firmas en paraísos fiscales enlazadas al presidente sirio Bashar al-Assad? ¿Al dictador libio Moammar Gadhafi? ¿Al depuesto presidente egipcio, Hosni Mubarak?

En una de las tendencias más positivas de nuestro tiempo, la gente está aprovechándose de nuestro mayor acceso a la información para remover la corrupción. Ya han derrocado algunos gobiernos. La publicación de los Papeles de Panamá marca un momento clave en esta tendencia. No dejes que nadie te diga que esto no es algo muy, muy importante.

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