El padrastro de Tatyana (nombre falso) empezó con nimiedades. Al principio, simplemente se molestaba por las cosas que hacía ella. La criticaba y la sermoneaba. Más tarde, terminaron los sermones y empezó la ira. Y cuando se acabó la ira, empezaron los azotes y las bofetadas.

“Se volvió loco”, comenta Tatyana. “Durante cinco años, nos daba palizas a mi madre y a mí hasta dejarnos inconscientes.”

La historia de Tatyana dista mucho de ser la única. Cada año, decenas de mujeres y niñas rusas sufren todo tipo de abusos familiares: palizas, violaciones o incluso intentos de asesinato. Años tras escapar con su madre, Tatyana, de 29 años, afirma que la violencia de género debe de ser castigada y atajada antes de que esté fuera de control.

Pero no todo el mundo está de acuerdo con ella.

Yelena Mizulina, la senadora de la Federación Ultraconservadora mejor conocida por su ley de la “propaganda gay”, ha presentado ante la Duma una nueva propuesta de ley que supondría la decriminalización del asalto doméstico. “El asalto a miembros de la familia debería ser una ofensa administrativa”, afirma Mizulina. “No queremos que por una bofetada alguien pase dos años en la cárcel y sea llamado criminal para el resto de su vida”.

Lo que Mizulina no parece querer ver es que la violencia doméstica es un problema muy serio, y que no se limita a un par de azotes a los críos por mal comportamiento.

Según las estadísticas oficiales del gobierno ruso —que sin duda alguna no cubren la totalidad de los casos— un 40% de los crímenes violentos en Rusia se cometen en el entorno familiar. Más de 26.000 niños al año reciben castigo físico de sus padres, y más de 36.000 mujeres reciben palizas a diario por parte de sus parejas.

Larisa Ponarina, directora adjunta de Anna Center, una ONG que ayuda a víctimas de la violencia de género, dice que más de 14.000 mujeres al año mueren a causa de la misma.

Y no cree que la situación vaya a mejorar.

Una batalla de valores

La propuesta de ley de la senadora Mizulina llega justo después de una enmienda al Código Penal, introducida por el Tribunal Supremo y firmada por el presidente Vladimir Putin. Según la enmienda —uno de los poquísimos esfuerzos legislativos para acabar con la violencia doméstica— el asalto físico a los miembros de la familia se pondría a la par del vandalismo y los ataques con motivaciones de odio; es decir, pasaría a ser una ofensa criminal a ser investigada y perseguida por el Estado. Esta enmienda entró en vigor en Julio.

Los cruzados por los valores tradicionales de la familia apoyan los intentos de deshacer la enmienda por parte de Mizulina. La Iglesia Ortodoxa rusa afirmó en un comunicado que “Si es razonable y ofrecido con amor, el castigo corporal es un derecho esencial dado por Dios a los padres”.

La Resistencia de Padres Rusos, un movimiento que lucha contra el sistema de justicia que se aplica a los menores, avisa de que la criminalización de la violencia doméstica llevará a que se denuncie a multitud de padres que sólo buscaban lo mejor para sus hijos. Según un comunicado en la web oficial del movimiento, “Una mujer azotó a su hijo por ver pornografía… sus profesores vieron moratones, se quejaron, y el tribunal hizo que la mujer pagara 8000 rublos de multa. Los padres ya no tienen derecho a elegir cómo criar a sus niños”.

“Los valores tradicionales, o debería decir arcaicos, se han hecho populares de nuevo”, afirma Alyona Popova, activista y defensora de los derechos de la mujer. Los casos más conocidos de violencia de género —estrellas del cine que golpean a sus mujeres hasta el coma, mujeres periodistas que publican fotos de sus caras magulladas tras pelear con sus parejas— han hecho más bien poco para cambiar la situación. Es más, los comentarios —hechos tanto por hombres como por mujeres— afirman que las víctimas “provocaron los incidentes”, “estaban pidiéndolo con su comportamiento frívolo” o “sabían con quién se estaban casando y deberían habérselo pensado dos veces.”

“Se supone que las mujeres no son capaces de hacer y conseguir cosas por sí mismas”, afirma Popova. “La sociedad le dice a las mujeres que se casen para que los maridos puedan decidir por ellas. Si un hombre te da una paliza es porque es más fuerte y tiene el derecho a hacerlo, y deberías sentirte afortunada por estar casada.”

Esto viene de largo

“Si te pega, es porque te quiere”, afirma un refrán ruso. Según algunos estudios, la frase apareció por primera vez a finales del siglo XVI, tras la publicación de un libro llamado Domostroy. Este libro, una guía para familias, promovía un mensaje poderosamente Cristiano Ortodoxo. Señalaba la obediencia de la mujer como la clave de una familia unida y duradera, y describía el castigo corporal —para mujeres y niños— como una “sencilla bendición” que podía “evitar la muerte del alma”.

Esta mentalidad fue rechazada en favor de la igualdad durante un breve periodo de tiempo en la Rusia Soviética post-revolucionaria. Sin embargo hizo un retorno triunfal en el mismo periodo, sin fundamenos religiosos, antes de calar en las normas sociales de la Rusia del siglo XXI. A día de hoy, las estaciones de policía casi nunca toman las denuncias de violencia doméstica en serio. Suelen despreciar las quejas de las víctimas, diciendo que son “problemas internos de la familia”. Algunos dicen que sólo pueden intervenir cuando se llega al asesinato.

Que haya semejante omisión de deber no nos sorprende, ya que el mismo gobierno ha hecho poco para solucionar el problema. Las Naciones Unidas, por otro lado, han encargado varios informes preocupantes sobre el estado de los derechos de la mujer en Rusia en los últimos diez años. Algunos de los informes más antiguos recomendaban leyes específicas para la violencia doméstica, la creación de refugios y otros apoyos para las mujeres víctimas de violencia de género. Más tarde, los mismos escritores de los informes vieron que Rusia había hecho muy poco por implementar tales medidas.

Uno de los pocos países del mundo que quedan por adoptar una Ley de Violencia de Género, Rusia no ha firmado ni ratificado la Convención del Consejo Europeo sobre la prevención y la lucha contra la violencia de género y la violencia doméstica, que lleva en vigor desde agosto del 2014, hace dos años. Todos los intentos de poner en marcha una ley de violencia de género en los últimos diez años han sido un fracaso. La propuesta más reciente, escrita por activistas de los derechos humanos y ONGs especializadas, está lista para su primera lectura.

Pero lleva esperando más de un año en una estantería de la Duma.

Pasos de bebé

Los defensores de los valores tradicionales escudan su falta de entusiasmo a la hora de aprobar dicha ley en la necesidad de proteger la unidad familiar. Es la misma lógica que utiliza Mizulina en sus intentos de aboler la legislación que hace que la violencia doméstica sea una ofensa criminal.

“Dicen que los niños se quejarán de que los padres les azotan, y miles de padres y madres serán víctimas de persecución por el estado”, dice Popova.

Sin embargo, estas preocupaciones no tienen ningún sentido. Según Mari Davtyan, una abogada dedicada a defender a las víctimas de violencia de género, el número de casos contra padres que peguen a sus hijos no va a cambiar. “Los que atacan a diversos grupos sociales —niños, ancianos y discapacitados— siempre han estado sujetos a la acusación criminal iniciada por la policía.”

Lo que hace esta nueva legislación, sin embargo, es proteger a muchas mujeres vulnerables. Por primera vez, las fuerzas policiales pueden iniciar la acusación de un agresor. Antes, ésta estaba sujeta a la acusación particular. La víctima tenía que denunciar al agresor, además de recoger las pruebas, asegurarse de que habría testigos presentes en el tribunal, etcétera.

Es más, la policía ahora tiene más incentivos para investigar la violencia de género con entusiasmo. Los oficiales policiales de distrito se ocupaban de estos casos, pero no teníen la autoridad para abrir casos criminales o actuar en base a pruebas y testimonios, según Davtyan. “Los oficiales de policía con los que trabajamos estaban muy animados por esta nueva ley”.

Rusia no impone órdenes de alejamiento a los agresores, una medida que ha sido efectiva en más de 140 países, incluyendo a Bielorrusia y Uzbekistán, según la abogada. Estas órdenes pueden prevenir que un agresor se acerque a la víctima, la acose o intente comunicarse con ella.

Sin embargo, el hecho de que la violencia doméstica siga siendo una ofensa criminal hace llegar un mensaje: darle palizas a tu mujer o a tus niños está mal, y se te castigará por ello.

La frase “Si te pega, es porque te quiere” apareció por primera vez a finales del siglo XVI, tras la publicación del libro llamado Domostroy.
La frase “Si te pega, es porque te quiere” apareció por primera vez a finales del siglo XVI, tras la publicación del libro llamado Domostroy.

A día de hoy, la mentalidad antigua de los rusos sigue siendo el mayor obstáculo para las víctimas de la violencia de género.

Si una mujer decide dejar a su maltratador o denunciarle a la policía, incluso sus propios parientes la desheredarán. “Dirían que es más importante mantener unida a la familia y ponerse del lado del padre de sus hijos”, afirma Larisa Ponarina.

Algunas veces, las mismas mujeres rechazan ayuda. “A menudo oigo a mis vecinos, una pareja de mediana edad, pelearse”, dice un moscovita que habla con la condición del anonimato. “Cada vez que llamo a la policía, la mujer, con la cara llena de moratones, les grita a los policías que no es asunto suyo, ni mío. Una vez intentaron arrestar al marido, y ella fue a defenderle puños por delante.” Estos incidentes hacen que la policía se desmotive a la hora de hacer intervenciones que podrían ser cruciales.

Cuando se trata de abuso infantil, existe la misma lógica, según Anna Mezhova, directora de Saving life, una fundación que intenta lidiar con la violencia contra los niños. “Cuando un padre pega a su hijo con regularidad o lo asalta sexualmente, la madre lo cubrirá a menudo, pensando que no hay necesidad de sacar los trapos sucios en público”, dice Mezhova. “Pero es este comportamiento el que hace imposible que protejamos al niño”.

Echarle la culpa a la víctima es otra gran tendencia que permite que los maltratadores salgan de rositas y puede hasta llevar a las víctimas a la cárcel, según Popova. Docenas de mujeres acaban en juicios por defenderse durante una pelea. “Imagina: el marido le estaba dando una paliza, ella intentó defenderse y le hizo daño. Ahora ella está delante del juez, mientras que su denuncia contra él fue ignorada. El juez la desestimó porque la mujer no se presentó a una audiencia, cuando sólo llegó quince minutos tarde.” dice Popova.

Sin embargo, la activista cree que la mentalidad rusa está cambiando poco a poco. Al menos, las mujeres llevan a sus agresores a juicio. “Se apoyan mutuamente en los juzgados, y se sienten lo suficientemente seguras como para pedir acciones por parte de las fuerzas de la ley”.

Por ahora, las estadísticas cuentan una historia descorazonadora. Según un informe de violencia doméstica del Comité de la ONU para los Derechos Humanos, la violencia doméstica está aumentando. En 2015, el número de casos de ataques a mujeres y niños subió un 20% comparado a un periodo similar de 2010.

Fotografía de Daniela Brown

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